REFLEXIONES DE CONSCIENCIA DIGITAL

¿Cómo afecta la energía digital a nuestra propia energía?

Una reflexión sobre cómo el mundo digital no solo ocupa nuestro tiempo, sino también nuestra atención, nuestro cuerpo y nuestra energía.

Me lo pregunto algunas veces.

Porque, aunque no pueda verlo, hay días en los que paso muchas horas dentro del mundo digital y noto perfectamente cómo afecta a mi propia energía.

Y que no seamos conscientes de ciertas cosas no significa que no estén ocurriendo.

Desde hace unos meses estoy prestando mucha más atención a mi propia energía. No intento entenderla ni controlarla todo el tiempo. Simplemente observarla.

Y eso me ha hecho darme cuenta de algo: el mundo digital, del que a veces he abusado un poco, tiene un impacto mucho mayor en mí de lo que pensaba.

Puedo saber cómo me afecta aunque no sepa explicar exactamente qué está ocurriendo en mi cuerpo.

Porque cada vez empiezo a reconocer antes los síntomas.

Cuando llevo demasiadas horas seguidas delante de una pantalla, noto que:

Me pican los ojos.
Estoy incómoda en la silla.
Me vuelvo más irritable.
Aparece cierta presión en la barriga.

Y aquí viene algo importante:

A veces pienso que necesito parar porque estoy cansada. Pero quizá debería parar antes de llegar a estarlo.

Durante años hemos asociado productividad con permanecer muchas horas trabajando. Pero parar no significa dejar de ser productiva.

A veces coger un bloc de notas, salir a otro espacio, caminar diez minutos o simplemente dejar que una idea repose puede convertirse en un trabajo mucho más eficiente.

Cuando consigo salir del ruido digital y entro en contacto con mi propia energía —a través de la creatividad, la respiración, el movimiento o simplemente estando un rato conmigo— empiezo a percibir antes esas señales.

Y también encuentro maneras diferentes de hacer las cosas.

No necesito esperar a que aparezcan los síntomas para escucharme.

Ahí es donde estoy entendiendo algo que me parece importante:

La energía digital no solo ocupa nuestro tiempo. También ocupa nuestra atención y afecta a la forma en la que habitamos nuestro cuerpo.

A veces ahoga.

A veces engancha.

A veces confunde.

Y, en mi caso, también aparece otra cosa: la culpa.

La culpa por parar.

La culpa por no estar produciendo.

La culpa por alejarme de la pantalla cuando todavía “quedan cosas por hacer”.

Pero quizá cuidar nuestra energía también sea parte del trabajo.

No se trata de pasar de ocho horas de pantalla a desaparecer del mundo digital de un día para otro.

Se trata de observar.

De empezar a reconocer qué nos ocurre.

Y de ir modificando, poco a poco, nuestra relación con la tecnología.

Porque tu energía también es importante.

Para todo lo demás,
Consciencia Digital.

Cristina

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *